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Tren

Hoy iba en el tren leyendo mi propio libro. Ya lo estaba leyendo mientras esperaba el trasbordo y al elegir un asiento rodeado de otros vacíos en mi afán por perseguir la soledad, el chico que estaba detrás de mí en el andén se ha sentado enfrente. Yo he seguido leyendo, intentando reconocerme en esas páginas llenas de versos y palabras que me sonaban viejos, casi ajenos. He sentido cariño por esa Blanca tan niña y de alma vetusta, y cierto orgullo por estar -literalmente- en el siguiente tren. Me absorbían mis propias palabras, aunque me sonasen raras, y la música que golpeaba tal vez con demasiada fuerza mis tímpanos. La música, siempre. Fuera de mi burbuja, como si de una dimensión lejana se tratara, sonaba una voz. El chico de enfrente me estaba mirando y movía la boca.  Me he despertado de mi ensimismamiento y me he quitado los auriculares dejando a Santi Balmes y a Enrique Bunbury en un segundo plano sin dejar de sonar.  Perdona, ¿qué? Sigo igual de empanada que siempre,...

LATIDOS

Latidos que rompen el pecho, que desgarran cada milímetro de piel, cada milímetro de sueños y vida. Latidos que quieren huir del cuerpo, que quieren escapar y sentir la calma del aire, dejarse llevar. Latidos que no dejan dormir, que no dejan respirar, que no dejan vivir.  Latidos que hacen recordar que un corazón llora y que necesita caricias, besos, abrazos.  Latidos que gritan silencios. Latidos que rompen el alma.  Latidos que rompen.  Latidos, sin más.  Latidos. -perteneciente a mi libro Gravitacional.   Todos los derechos reservados.

En realidad estoy en paz y me permito tener días así. Y eso está de puta madre

Me siento por detrás de todos en todos los sentidos. Me siento encerrada y anclada a una jaula sin barrotes con grilletes invisibles. Quiero despegar pero mis pies están llenos de pegamento, quisiera llegar pero camino y no avanzo. Estoy exhausta, no paro y sigo en el mismo lugar con la misma calderilla en los bolsillos (incapaz de pagar un estudio de 30 metros cuadrados al que llaman piso con encanto con la taza del váter junto a la cama de cuerpo y medio y la cocina de cabecera), con la misma soledad en el alma y en mis brazos. Estoy cansada de no parar y seguir en el mismo jodido sitio, de ansiedad, de lágrimas, de frustración,  de sonreír cuando me dicen "ya te llegará" con una palmadita en el hombro sabiendo que no les importa porque no conocen el sentimiento de sentirse un fraude, un fracaso, no me conocen, y no llega y mientras tanto los veo felices con sus vidas plenas con esa estabilidad que yo jamás había buscado. Pero mira, he desarrollado una pasión especial por n...

Veintimuchos en 2021

El vacío.  La frustración. La incomprensión. La duda que no deja de preguntar. La inseguridad. El resentimiento. Las ganas paralizadas. Las ideas marchitas. Las ideas marchitándose.  La esperanza hecha humo. El llanto. La ansiedad. La desesperación. El encierro. El miedo. La angustia.  La pasión dormida. El cansancio. La desmotivación. La rabia. El desánimo. La rendición llamando a la puerta. La resignación. La negación. La emigración. La búsqueda. La devastación. El desaliento. Las ilusiones apagadas. La soledad. Los sentimientos encontrados. Los gritos ahogados. Los bailes perdidos. El futuro. La oscuridad. Lo que pudo ser. La existencia. El hundimiento. El frío. Los suspiros.   La nada. Blanca PeGarri

Los abrazos robados

Nos los han quitado. Nos han robado los abrazos.  Nos los arrebataron  sin casi darnos cuenta y nos damos cuenta de que estaban  ahora que no nos dejan tenerlos. Nos han vaciado los brazos pero hemos llenado nuestros pechos de ganas de amor, de hermandad, de esperanza, de ganas de todo. Ahora nos miramos más a los ojos (¿alguna vez has abrazado a alguien con los ojos?) y decimos tanto y amamos tanto y compartimos tanto con dos miradas que se cruzan. Duele un poco. Por la noche me gusta taparme con la manta hasta la barbilla y cerrar los párpados muy fuerte  para recrear todos los abrazos que he guardado en ellos. A veces la garganta se queja y se desanuda dejando al lagrimal hacer su poesía. Y echamos de menos a los que ya no están, a los que están, pero lejos, a los que están cerca y no podemos apretar entre nuestros brazos. Reprimo mis impulsos y me autoconvenzo de que ese es el mayor acto de amor y me debo a la intensidad de mis miradas a las que confío todas mis ...

Año nuevo

El tiempo sólo es tiempo. Es una invención humana, un concepto abstracto, no es nada, aunque puedes hacer de él todo. Cambiar de año no cambia las cosas. Cambiar tú, sí. El tiempo no es una excusa. No es una excusa para dejar de hacer algo, o para hacerlo (aunque mejor esto). No es una excusa para sentarnos y verlas venir. Sentarnos a esperar que las cosas vengas solas y nosotros las aplaudamos, y si no llegan, nos quejemos. Sentaditos porque "el tiempo todo lo cura". Lo que tú hagas, con paciencia y tesón cura. Lo que tú hagas, da fruto. Lo que tú hagas hace cosas.  El tiempo no sirve como excusa. El tiempo sólo es tiempo. Blanca PeGarri

Me he vuelto bruma

Te he echado tanto de menos que me echo de menos a mí. ¿Dónde he estado todo este tiempo en que he ido detrás de tu recuerdo, en que me he ido y no he vuelto o no he sabido cómo demonios volver a mí? He estado tan cegada en tu sombra que he alumbrado de bruma mi luz, tan obstinada en la memoria que ya no veo en el reflejo de mis ojos más que la cruz en la que yo te convertí. Añoro una sonrisa  sin tu nombre subtitulado debajo y mis ojeras de una noche entre libros y no de pasarla hablándoles de ti a mi gato y a mi almohada húmeda. Echo de menos  mi mano escribiendo versos  de amor propio y de flores que brotan y en cambio todos empiezan con tu inicial, y las demás letras se diluyen y se esfuman,  disléxicas, hasta que tu nombre se vuelve a recitar como el del subtítulo bajo mis labios, ese que se transcribe  cada vez que asoma una sonrisa, esa que asoma cada vez que veo en mis ojos la cruz, esa que veo cada vez que me quedo ciega en tu sombra, esa que ciega el c...

Fotograma

Estoy tan quieta. Tan quieta. Tan quieta que parezco un recuerdo inmutable. Estoy quieta  y todo lo que no soy yo es una carrera. Que quiero hacer tantas cosas que ya no sé por dónde empezar, si por salir corriendo y gritar y lanzar mis vísceras al océano en forma de himno de liberación desafinado,  o por mirarme las manos  ensangrentadas de cada error que he asesinado  con cuchillos de acero antes de aprender que ocurrieron  para algo y que sin ellos, no existiría nada. Estoy tan quieta. Tan quieta. Tan quieta que parezco un sólo fotograma de una película, el que cuando se prende  lo convierte todo en incendio. Blanca PeGarri

Los cubitos de hielo

Tienes un buenos días pegado en la mejilla. Yo lo admiro mientras duermes y te lo quiero quitar con un beso, pero no quiero despertarte. Le cuento a tu gato que me quedaría horas mirándote dormir y creo que me ha entendido, espero que te lo cuente cuando me vaya para que entiendas lo especial que eres. Das una respiración profunda y perezosa, puede que haya pensado muy alto y te haya despertado. La persiana dibuja rayas de sol en tu pared y cierras los ojos igual de rápido que los habías abierto porque la luz te recuerda que ya se ha terminado la noche y tú sólo quieres que sea domingo y seguir durmiendo. Te doy los buenos días con ese beso en la mejilla que te había prometido en silencio y para mí. Y tú sólo sonríes, giras tu cuerpo hacia el mío y me abrazas por la cintura para quedarnos así otra eternidad, yo oliendo tu pelo, tú escuchando mi latido. Y yo sólo quiero que sea domingo y que la mañana haga con nosotros lo que el calor del sol hace con dos c...

Diciembre

Hoy ya es diciembre y a mí me parece que el tiempo se me ha resbalado de las manos y aún tengo mi habitación llena de trastos de por miedo. Todavía no he recogido, ni he terminado de limpiar los rincones, porque me dejé la escoba apoyada en la pared para acurrucarme en la cama cerrando bien fuerte los ojos. Ni siquiera me tumbo, sólo me quedo ahí, apretando mi pecho contra las rodillas y los ojos contra la realidad. Hoy ya es diciembre y me queda tanto por hacer, como si los días, las semanas y los meses se me hubiesen escapado de entre los dedos y yo me hubiese quedado quieta sin hacer nada por evitarlo. Fuera cae la noche, pero no hace frío. Parece que el invierno se está esperando a que salga yo para llegar y llenarme de nieve y hielo las pestañas. O tal vez para darle una última oportunidad a este año que he agotado sin darme cuenta. Echo la vista atrás y hacia dentro y veo evolución. No he estado quieta, pienso. Pero la sensación es esa.  Hoy ya es diciembre y todavía faltan r...