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Mostrando las entradas etiquetadas como poesía y prosa poética

Tengo un poema en el ojo

Hoy es el día mundial de la poesía. Una escribe siempre, hasta cuando no tiene dónde hacerlo, porque siempre hay algo sobre lo que escribir. Hoy más. ¿Un poeta siente porque escribe o escribe porque siente? Un poeta mira la lluvia cuando no hay nubes y encuentra la luz porque siempre sale del pecho en tinta y a borbotones. Es la emoción la que vertebra al poeta y las vértebras de sus letras las que se resquebrajan cuando se ponen intensas. El poeta sale y vive hacia dentro, el poeta se encierra y lo arroja todo hacia fuera.  El poeta no da explicaciones: el poeta vomita palabras con las yemas de los dedos, que rebuscan y arrancan hasta las que se han quedado más enredadas entre las raíces del pecho. Y le sobran los motivos. ¿Qué es ser poeta sino ver la vida con la necesidad imperiosa de (d)escribir su dureza y su belleza? ¿Acaso no es un poeta un esclavo de la libertad de sus emociones? Me despierto con la convicción de cómo voy a empezar el día y con la certeza de no saber cómo t...

Escribir sobre cosas

Hace un mes, o dos (más o menos), escribí sobre algo. Sobre algo de alguien.  Fue como una revelación; igual que dije que no sé cerrar etapas sin escribir un libro (abusé un poquito de amor propio cuando sentencié esto), sé que algo es importante para mí cuando escribo sobre ello. También me pasa con las personas. Escribir sobre alguien no es como escribir sobre la infancia, tus cosas favoritas o de qué planes tienes para tu próximo viaje (aunque a veces engloba todas estas cosas). Escribir sobre alguien es como revelar a corazón abierto tus intenciones más íntimas. El amor o el odio, la pasión, la rabia, se quedan al desnudo ante un lienzo en blanco manchado de letras negras; el espejo del alma de quien escribe que lo convierte irremediablemente en un ser vulnerable. A veces son hechos grandiosos: una declaración de amor, un primer beso. Otras, cosas tan simples como un roce o un nombre bien pronunciado. Éste fue mi caso. Siempre me ha gustado mi nombre, pero cuando sale de tu boc...

LATIDOS

Latidos que rompen el pecho, que desgarran cada milímetro de piel, cada milímetro de sueños y vida. Latidos que quieren huir del cuerpo, que quieren escapar y sentir la calma del aire, dejarse llevar. Latidos que no dejan dormir, que no dejan respirar, que no dejan vivir.  Latidos que hacen recordar que un corazón llora y que necesita caricias, besos, abrazos.  Latidos que gritan silencios. Latidos que rompen el alma.  Latidos que rompen.  Latidos, sin más.  Latidos. -perteneciente a mi libro Gravitacional.   Todos los derechos reservados.

En realidad estoy en paz y me permito tener días así. Y eso está de puta madre

Me siento por detrás de todos en todos los sentidos. Me siento encerrada y anclada a una jaula sin barrotes con grilletes invisibles. Quiero despegar pero mis pies están llenos de pegamento, quisiera llegar pero camino y no avanzo. Estoy exhausta, no paro y sigo en el mismo lugar con la misma calderilla en los bolsillos (incapaz de pagar un estudio de 30 metros cuadrados al que llaman piso con encanto con la taza del váter junto a la cama de cuerpo y medio y la cocina de cabecera), con la misma soledad en el alma y en mis brazos. Estoy cansada de no parar y seguir en el mismo jodido sitio, de ansiedad, de lágrimas, de frustración,  de sonreír cuando me dicen "ya te llegará" con una palmadita en el hombro sabiendo que no les importa porque no conocen el sentimiento de sentirse un fraude, un fracaso, no me conocen, y no llega y mientras tanto los veo felices con sus vidas plenas con esa estabilidad que yo jamás había buscado. Pero mira, he desarrollado una pasión especial por n...

Los abrazos robados

Nos los han quitado. Nos han robado los abrazos.  Nos los arrebataron  sin casi darnos cuenta y nos damos cuenta de que estaban  ahora que no nos dejan tenerlos. Nos han vaciado los brazos pero hemos llenado nuestros pechos de ganas de amor, de hermandad, de esperanza, de ganas de todo. Ahora nos miramos más a los ojos (¿alguna vez has abrazado a alguien con los ojos?) y decimos tanto y amamos tanto y compartimos tanto con dos miradas que se cruzan. Duele un poco. Por la noche me gusta taparme con la manta hasta la barbilla y cerrar los párpados muy fuerte  para recrear todos los abrazos que he guardado en ellos. A veces la garganta se queja y se desanuda dejando al lagrimal hacer su poesía. Y echamos de menos a los que ya no están, a los que están, pero lejos, a los que están cerca y no podemos apretar entre nuestros brazos. Reprimo mis impulsos y me autoconvenzo de que ese es el mayor acto de amor y me debo a la intensidad de mis miradas a las que confío todas mis ...

Me he vuelto bruma

Te he echado tanto de menos que me echo de menos a mí. ¿Dónde he estado todo este tiempo en que he ido detrás de tu recuerdo, en que me he ido y no he vuelto o no he sabido cómo demonios volver a mí? He estado tan cegada en tu sombra que he alumbrado de bruma mi luz, tan obstinada en la memoria que ya no veo en el reflejo de mis ojos más que la cruz en la que yo te convertí. Añoro una sonrisa  sin tu nombre subtitulado debajo y mis ojeras de una noche entre libros y no de pasarla hablándoles de ti a mi gato y a mi almohada húmeda. Echo de menos  mi mano escribiendo versos  de amor propio y de flores que brotan y en cambio todos empiezan con tu inicial, y las demás letras se diluyen y se esfuman,  disléxicas, hasta que tu nombre se vuelve a recitar como el del subtítulo bajo mis labios, ese que se transcribe  cada vez que asoma una sonrisa, esa que asoma cada vez que veo en mis ojos la cruz, esa que veo cada vez que me quedo ciega en tu sombra, esa que ciega el c...

Fotograma

Estoy tan quieta. Tan quieta. Tan quieta que parezco un recuerdo inmutable. Estoy quieta  y todo lo que no soy yo es una carrera. Que quiero hacer tantas cosas que ya no sé por dónde empezar, si por salir corriendo y gritar y lanzar mis vísceras al océano en forma de himno de liberación desafinado,  o por mirarme las manos  ensangrentadas de cada error que he asesinado  con cuchillos de acero antes de aprender que ocurrieron  para algo y que sin ellos, no existiría nada. Estoy tan quieta. Tan quieta. Tan quieta que parezco un sólo fotograma de una película, el que cuando se prende  lo convierte todo en incendio. Blanca PeGarri

Los cubitos de hielo

Tienes un buenos días pegado en la mejilla. Yo lo admiro mientras duermes y te lo quiero quitar con un beso, pero no quiero despertarte. Le cuento a tu gato que me quedaría horas mirándote dormir y creo que me ha entendido, espero que te lo cuente cuando me vaya para que entiendas lo especial que eres. Das una respiración profunda y perezosa, puede que haya pensado muy alto y te haya despertado. La persiana dibuja rayas de sol en tu pared y cierras los ojos igual de rápido que los habías abierto porque la luz te recuerda que ya se ha terminado la noche y tú sólo quieres que sea domingo y seguir durmiendo. Te doy los buenos días con ese beso en la mejilla que te había prometido en silencio y para mí. Y tú sólo sonríes, giras tu cuerpo hacia el mío y me abrazas por la cintura para quedarnos así otra eternidad, yo oliendo tu pelo, tú escuchando mi latido. Y yo sólo quiero que sea domingo y que la mañana haga con nosotros lo que el calor del sol hace con dos c...

La herida es tuya

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Un día te das cuenta de que, a veces, no te hacen daño.  Que duele, pero nadie te está haciendo nada.  Un día te das cuenta de que esa herida  no pertenece a nadie más que a ti  y que la responsabilidad de curarla  es tuya. Hace tres noches tuve un sueño extrañamente realista que me dejó un poco removida. Hace dos noches tuve otro sueño, un tanto perturbador, de esos que te remueven completamente las entrañas y generan bolsas de ansiedad bajo los ojos y nudos de amarga realidad en el estómago. De esos sueños que te reafirman que la herida, que siempre había sido responsabilidad de otros, es en realidad tuya y de nadie más. Y que ahí hay mucho trabajo aún por hacer. Qué vértigo. Enfrentarse. Otra. Vez. De nuevo. De nuevo porque te enfrentas a ti mismo y a toda tu mierda y a toda tu bilis y a toda tu sangre. Y no eres tú, pero es tuya. Y de nadie más. Entonces, toda removida y toda motivada por este nuevo despertar (digo nuevo, porque esto me pasa todo el tie...

Una lista de cosas bonitas

Quería hacer una lista de cosas que me parecen bonitas, cosas pequeñas o grandes, sin orden, sin ton ni son, sólo cosas bonitas. Y me sale la risa de un niño, el vaivén de las olas, la nariz de un gato, una nota afinada, una gota de agua cayendo por el cristal, los reflejos del sol en una melena, las iridiscencias que se dibujan en el suelo tras una ventana,  la luz previa al atardecer, lo impredecible de la acuarela, un mechón rizado, los dedos de un bebé, el rocío en las hojas verdes, los susurros, la música, los hoyuelos en las mejillas, el color azul, coger fruta directamente del árbol y comértela, cuando dos personas se miran y no hace falta que digan nada más, las noches de verano, una carcajada, caminar descalza sobre la arena, caminar descalza sobre la hierba, una estrella fugaz, la piel erizada de una espalda, cuando resbala la gota por un vaso de cerveza muy fría, dos manos que se entrelazan, así, sin querer, el brillo en los ojos de alguien. Pero lo primero que me ha sal...

Volver

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Volver a lo viejo siendo alguien nuevo. Volver a lo inmutable cuando el cambio ha sido, y es, constante. Volver a lo de siempre cuando eres como nunca. Volver a la quietud siendo dinamita volátil. Volver y sentir el bofetón de la vida, de tu propia evolución, sabia, inquieta. Volver para conocerse. Picture by Travis Bedel Blanca PeGarri

Desvelos. #3

Quiero tus lunes de mierda,  tus martes cuesta arriba,  tus miércoles monótonos,  tus jueves relajados,  tus viernes de buen humor,  tus sábados de fiesta  y tus domingos perezosos. Quiero tus semanas  y cada uno de los días que las ocupan.  Y las quiero contigo. Blanca PeGarri.