Cosas verdes y azules
Todas las crisis las sofocan cosas verdes y azules. Árboles desafiando la gravedad, hierba silvestre, el agua de mar, de un río, de un lago, de una piscina, de donde sea, un cielo raso. Me rodeo de campo y buceo. Sólo buceo. De repente, los sonidos ahora apenas se intuyen, amortiguados por la presión del agua en mis oídos. El ruido de mi cabeza se apaga. Dónde ha ido no lo sé, pero ya no está conmigo. Ahora peso unos cuantos kilos menos. El silencio aquí abajo es sepulcral; la piscina se ha convertido en una catedral, un acto de fe, la solemnidad de su silencio, la conversación interna como si de una plegaria se tratara. Sospecho que la felicidad, como un estado permanente del ser, no existe. Que la vida nos pasa, o hacemos que nos pase, y hay momentos felices. «¿Qué hago yo aquí?» y «¿qué hago yo ahora?» son preguntas a las que difícilmente se les encuentra respuesta. Al menos una correcta (si los grandes pensadores de la historia llevan más de dos mil años contradiciéndose sin l...