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Me he vuelto bruma

Te he echado tanto de menos que me echo de menos a mí. ¿Dónde he estado todo este tiempo en que he ido detrás de tu recuerdo, en que me he ido y no he vuelto o no he sabido cómo demonios volver a mí? He estado tan cegada en tu sombra que he alumbrado de bruma mi luz, tan obstinada en la memoria que ya no veo en el reflejo de mis ojos más que la cruz en la que yo te convertí. Añoro una sonrisa  sin tu nombre subtitulado debajo y mis ojeras de una noche entre libros y no de pasarla hablándoles de ti a mi gato y a mi almohada húmeda. Echo de menos  mi mano escribiendo versos  de amor propio y de flores que brotan y en cambio todos empiezan con tu inicial, y las demás letras se diluyen y se esfuman,  disléxicas, hasta que tu nombre se vuelve a recitar como el del subtítulo bajo mis labios, ese que se transcribe  cada vez que asoma una sonrisa, esa que asoma cada vez que veo en mis ojos la cruz, esa que veo cada vez que me quedo ciega en tu sombra, esa que ciega el c...

Fotograma

Estoy tan quieta. Tan quieta. Tan quieta que parezco un recuerdo inmutable. Estoy quieta  y todo lo que no soy yo es una carrera. Que quiero hacer tantas cosas que ya no sé por dónde empezar, si por salir corriendo y gritar y lanzar mis vísceras al océano en forma de himno de liberación desafinado,  o por mirarme las manos  ensangrentadas de cada error que he asesinado  con cuchillos de acero antes de aprender que ocurrieron  para algo y que sin ellos, no existiría nada. Estoy tan quieta. Tan quieta. Tan quieta que parezco un sólo fotograma de una película, el que cuando se prende  lo convierte todo en incendio. Blanca PeGarri

Los cubitos de hielo

Tienes un buenos días pegado en la mejilla. Yo lo admiro mientras duermes y te lo quiero quitar con un beso, pero no quiero despertarte. Le cuento a tu gato que me quedaría horas mirándote dormir y creo que me ha entendido, espero que te lo cuente cuando me vaya para que entiendas lo especial que eres. Das una respiración profunda y perezosa, puede que haya pensado muy alto y te haya despertado. La persiana dibuja rayas de sol en tu pared y cierras los ojos igual de rápido que los habías abierto porque la luz te recuerda que ya se ha terminado la noche y tú sólo quieres que sea domingo y seguir durmiendo. Te doy los buenos días con ese beso en la mejilla que te había prometido en silencio y para mí. Y tú sólo sonríes, giras tu cuerpo hacia el mío y me abrazas por la cintura para quedarnos así otra eternidad, yo oliendo tu pelo, tú escuchando mi latido. Y yo sólo quiero que sea domingo y que la mañana haga con nosotros lo que el calor del sol hace con dos c...

Diciembre

Hoy ya es diciembre y a mí me parece que el tiempo se me ha resbalado de las manos y aún tengo mi habitación llena de trastos de por miedo. Todavía no he recogido, ni he terminado de limpiar los rincones, porque me dejé la escoba apoyada en la pared para acurrucarme en la cama cerrando bien fuerte los ojos. Ni siquiera me tumbo, sólo me quedo ahí, apretando mi pecho contra las rodillas y los ojos contra la realidad. Hoy ya es diciembre y me queda tanto por hacer, como si los días, las semanas y los meses se me hubiesen escapado de entre los dedos y yo me hubiese quedado quieta sin hacer nada por evitarlo. Fuera cae la noche, pero no hace frío. Parece que el invierno se está esperando a que salga yo para llegar y llenarme de nieve y hielo las pestañas. O tal vez para darle una última oportunidad a este año que he agotado sin darme cuenta. Echo la vista atrás y hacia dentro y veo evolución. No he estado quieta, pienso. Pero la sensación es esa.  Hoy ya es diciembre y todavía faltan r...

La herida es tuya

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Un día te das cuenta de que, a veces, no te hacen daño.  Que duele, pero nadie te está haciendo nada.  Un día te das cuenta de que esa herida  no pertenece a nadie más que a ti  y que la responsabilidad de curarla  es tuya. Hace tres noches tuve un sueño extrañamente realista que me dejó un poco removida. Hace dos noches tuve otro sueño, un tanto perturbador, de esos que te remueven completamente las entrañas y generan bolsas de ansiedad bajo los ojos y nudos de amarga realidad en el estómago. De esos sueños que te reafirman que la herida, que siempre había sido responsabilidad de otros, es en realidad tuya y de nadie más. Y que ahí hay mucho trabajo aún por hacer. Qué vértigo. Enfrentarse. Otra. Vez. De nuevo. De nuevo porque te enfrentas a ti mismo y a toda tu mierda y a toda tu bilis y a toda tu sangre. Y no eres tú, pero es tuya. Y de nadie más. Entonces, toda removida y toda motivada por este nuevo despertar (digo nuevo, porque esto me pasa todo el tie...

La inmensidad

Nací medio muerta. Cuando el médico me devolvió a la vida, mi padre, desde la silla oportunamente colocada sobre la que se había caído al oír el quejido de mi boca que gritaba vida, le dijo al doctor entre lágrimas: <<Esta niña va a hacer algo importante>>. Esta historia la he oído millones de veces. Mi madre, ajena a todo, me cogió en brazos y una energía extraña y poderosa la invadió. De esto me enteré hace un par de semanas. No sabría definirme. Siempre fui una niña diferente, rara, de ideales marcados y convicciones fuertes, consciente de mis características aunque demasiado tímida para gritarlas. Siempre fui creativa: dibujaba, pintaba, cantaba, escribía (cuentos, historias, poemas, obras de teatro, reflexiones), hacía teatritos para mi familia, me disfrazaba, inventaba juegos. Tenía amigos, pero nunca me importó estar sola. Con crear, era feliz. No estoy tan lejos de esa niña, aunque crecí y, como casi todos, decidí que era hora de ser adulta. Estudiar y buscar una pr...

El bozal

He estado calculando las palabras que aún me quedan por lanzar al mar. Son tantas, que si las ato unas a otras puedo llegar al océano como quien escapa por una ventana. Abro la boca e intento contarlas, una a una, dos, tres… pero en vez de mi eco el mar sólo me devuelve su vaivén de olas en su compás perfecto y siento que se burla triste. De mi garganta no sale nada y todo se queda atado  en mi cabeza en mi pecho apretando y empiezan a formarse niebla en mis ojos y nudos en mi lengua que no me dejan lanzar nada a ningún mar. Y me quedo quieta, inerte,  viendo cómo las olas vienen y van, cómo el mundo sigue su curso y yo no, yo estoy quieta y todo sigue anudado y quiero desnudarme, desatarme y gritar y poder salir de este embrollo en el que yo sola me he metido y que a veces, cuando no me apetece ser valiente,  llamo en voz baja, poco convincente,  hogar. Blanca PeGarri

Estamos hechos de instantes

Sí, estamos hechos de instantes. También estamos hechos de un montón de cosas: carne, huesos, células y neuronas que corretean por ahí... Sí.  Pero además de cuerpo somos alma. El cuerpo es solamente su casa (¿te parece poco?). Estamos hechos de instantes. Somos suma de momentos y de historias. Somos segundos de nuestro reloj inventado unidos en infinito, trozos de vida pegados en el tejido de nuestra piel y de nuestra alma, como retales de un traje a medio coser. El cóctel de las risas y las lágrimas, de los momentos que sí y de los que no, de cada persona que nos ha rozado, da igual si un rato o mucho tiempo o si aún nos abraza. Estamos hechos de tantas cosas pequeñas que me pierdo al intentar recopilarlas... Pero al final resulta que somos y ya está. Ahora mismo estamos siendo. Y ya. No hay más vuelta de hoja: Ahora estamos siendo. Blanca PeGarri

El verano

El verano no se irá si te quedas contigo. Me gusta ver los estados de ánimo como las estaciones del año. Los sentimientos que genera un abrazo, por ejemplo, dan calidez, como ese calor que se nota cuando el sol acaricia los brazos, y convierte a las personas que nos quieren en veranos eternos. Para mí el verano es sol, agua, cerveza fría con amigos, fruta jugosa y buena música. Imaginaos las personas que son todo eso.  Pero no podemos esperar a que alguien nos abrace para poder sentir la calidez del sol en nuestra alma, qué responsabilidad tan grande e injusta sería esa. Lo que sí podemos hacer es abrazarnos a nosotros mismos, nuestras penas, nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestros días de mierda. Abrazar nuestra alma como cuando te acuestas en una cama con sábanas limpias y te acoge suave.  Y aspiras el aroma a hogar.  Y amas ese momento de sol, de agua, de cerveza fresquita, de albaricoques y de música dentro de ti. Y el otoño no habita al alma  (aunque e...

Nos estamos perdiendo la vida

Este verano, casi al final, me hice una foto para subirla a las redes. Me había comido un polo de horchata justo antes y estaba muy feliz.  Tuve que hacerlo rápido, eso sí, porque se derretía por el calor.  Pasó lo mismo con el verano, que casi sin darme cuenta se había derretido también y se me había escurrido por las manos,  dejándolas un poco pegajosas de agua, de sol, de hierba, de melocotones, de mar  y de cervezas con amigos. Eso del tiempo es relativo: a veces, la vida parece que pasa muy rápido y sus momentos (que al final es lo que es la vida) se derriten delante de nuestros ojos cuando ya es tarde para disfrutarlos  y sólo queda ese recuerdo pegajoso de polo de horchata de "ojalá hubiese durado más para haberlo podido saborear al máximo";  en realidad es una forma de excusarnos a nosotros mismos por lo absurdo de la estupidez humana. Los momentos duran lo que tienen que durar porque, como todo en esta vida y por mucho que nos pese a las personas, ...