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Maravillosas diferencias compartidas

Tengo amigos del Norte, del Sur, del Este y del Oeste. Tengo amigos blancos, negros y amarillos. Tengo amigos que creen en religiones diferentes. Otros, no creen en nada más que en lo que pueden ver y tocar. Tengo amigos con diferentes ideas políticas, visión, costumbres y valores. Tengo amigos de ojos grandes y azules, y otros con los ojos rasgados y oscuros. Tengo amigos que han visto mundo, algunos de ellos han vivido ya mucho más de lo que yo viviré jamás, y otros que nunca han salido de su zona de comfort. Amigos con trabajos de ensueño, amigos que se parten la espalda por un sueldo decente, amigos que no llegan. Amigos que estudian con la esperanza de cambiar el mundo, sus vidas, las vidas delos que quieren. Tengo amigos que hablan distintas lenguas. Amigos a los que les gusta gente del sexo opuesto y otros a los que les gusta la gente de su mismo sexo. A otros simplemente les gustan las personas. Amigos que abrazan para saludar, amigos que besan, amigos que dan la mano, amigos ...

"Infrativación"

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Encontrar en la infravaloración la motivación para continuar, arriesgarse y ganar. Eso es lo que he perseguido durante años, concretamente, desde que tenía 16. Recuerdo el momento exacto:"No vas a poder sacártelo" me dijo una mujer odiosa, de lengua viperina y vida dedicada al cotilleo, con una risita llena de sorna, saboreando con placer cada una de sus palabras a medida que salían de su boca. En ese justo momento, la rabia y el odio hacia ese tipo de ser tóxico, hizo brotar en mí lo que he llamado el efecto "te lo vas a comer con patatas". Y me puse las pilas. Y demostré lo que valía. No por ella, ni por nadie. Por mí (y por mis padres, todo sea dicho: hay que devolverles en forma de alegrías todo lo que nos han dado). No quería que la opinión de una persona, y menos de una como ella, influenciase de manera negativa en mi ánimo y mi autoestima. Ocho años después, se habrá empachado de patatas la mujer. El hecho es, repito, encontrar en la infravaloraci...

Fuera de lugar

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Toda mi vida, posiblemente desde el día que nací, he sido una persona diferente. En el parto, el médico salvó mi vida. Digamos que nací morada. "Parecías una lombarda" son las palabras de mi padre. También fue él quien le dijo al médico que esa niña iba a dar guerra y haría cosas importantes. Mi madre, afortunadamente, no se enteró de nada. El médico dijo que había tenido mucha suerte. El caso es que la vida me brindó una segunda oportunidad y de ahí salió mi yo más profundo. Es cierto que la vida, las personas que te rodean y las situaciones a las que uno se tiene que enfrentar nos moldean hasta que somos viejos, pero lo que está ahí dentro, en lo más profundo de nuestro ser, eso viene de serie. Mi infancia fue feliz, pero muy diferente. En cierto modo era una niña corriente, tímida, pero con amigos, alegre, me gustaba jugar en el parque y ensuciarme de barro y quería una mascota, un gatito o un perrito, que acabó convirtiéndose en un canario anaranjado llamado Pepe. Cuen...

La vida no está hecha para conformarnos

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El otro día, alguien me preguntó si yo tenía altas expectativas en la vida en un tono más de afirmación que de pregunta. Mi respuesta, tras vacilar un segundo, fue directa: "Sí", a lo que siguió un "ya se nota" desganado, lastimero. Como si esperar grandes cosas en tu vida fuera algo malo, como si ser un soñador fuese una pérdida de tiempo. Esto me ha hecho reflexionar bastante durante unos días, dándole vueltas más al tono que a la dichosa preguntita en sí. Sí, tengo altas expectativas en la vida y conmigo misma, con lo que me rodea, y sí, puede que sea una soñadora. Pero es que ¿cuál es el sentido de no hacerlo? Si ni siquiera tú, que te conoces mejor que nadie, esperas grandes cosas de ti mismo, nadie lo hará por ti. Si no sueñas con algo mejor la vida seguirá igual. Monótona. Aburrida. Fácil.  No soy una persona conformista: no me basta con lo que ya he conseguido, quiero más, quiero llegar más lejos. Ni ser mejor que nadie (nunca he creído que nadie sea me...

Pájaros negros

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A través de la ventana veía los pájaros volar. Volaban alto y se perdían entre las nubes espesas, grises, de vez en cuando blanquecinas. Aves negras, algo tétricas, graznando terriblemente, pero volando, alto, libres.  Se preguntó cuándo sería libre. Libre de sus pensamientos envenenados, negros como las plumas de esos pájaros que siempre le habían resultado odiosos y que ahora tanto envidiaba. Libre de ese peso que llevaba consigo desde hacía ya tanto tiempo.  Había luchado por esa libertad, oh, sí, pero no lo suficiente. En su fuero interno sabía que existía un minúsculo pero poderoso deseo de aferrarse a esa oscuridad. Pero esta vez se había plantado, con la firme decisión de vencer a esos fantasmas que atormentaban su alma consumiendo hasta la última gota de esperanza.  ¿Era feliz? Ni siquiera sabía ya responder a esa pregunta. Cualquiera diría que sí; su vida era exitosa, todo iba sobre ruedas, sonreía continuamente, bromeaba y hacía reír a los demás, su tra...

El sino

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- Siento desilusionarte, pero el destino no existe. Todos esos cuentos que dicen que todo es cosa del destino no son más que patrañas. No hay nada escrito. No hay nada, ni nadie, que al principio de los tiempos, cuando no había siquiera una pequeña célula que pudiese creer en Dios, cogiese un libro gigante e imaginario y se pusiese a escribir la vida de millones y millones de personas: infancias felices o desgraciadas, juventudes llenas de amor y desamor clamando a este destino, madurez de algunos, vejez de menos, alegrías, desdichas, encontronazos y catástrofes. Todo eso se salta por completo cualquier lógica. Y no es que yo no sea un soñador, bien sabes que soy el primero que persigue sus sueños y que vive con ilusión. Pero precisamente es por esto porque lo hago: ¿de qué me serviría a mí luchar por mis sueños si todo ya estuviera escrito? ¿Es que acaso no triunfaría si debiese hacerlo o fracasaría si así lo indicara mi destino? Entonces, de qué serviría el esfuerzo. O la ilusión. ...

De un viejo a un viejo amigo

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Quererla era mejor que cualquier cosa en el mundo. Mejor que el verano y que todo lo que éste conllevaba: mejor que observar el vuelo de las libélulas, mejor que escuchar los grillos por la noche, mejor que la brisa con olor a salitre, mejor que sentir las olas rompiéndose en los pies, mejor que rozar el agua del lago con la punta de los dedos, mejor que ver el cielo cubierto de estrellas, mejor que el silencio, mejor que el abrazo del sol, mejor que las tormentas repentinas, mejor que el olor a pino, mejor que las hileras perfectas de hormigas, mejor que encontrar conchas enteras, mejor que los helados - de chocolate, mantecado, leche merengada, limón -, mejor que la piel bronceada, mejor que el reflejo del sol, mejor que el aire puro, mejor que dormir largas siestas, mejor que comer sandía, mejor que sacar la mano por la ventanilla del coche, mejor que leer decenas de novelas, mejor que el tiempo libre, mejor que las nuevas ideas y los nuevos proyectos. Quererla era mejor que tod...

Olfato

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Es imposible describir un olor. Puedes hacer una aproximación, compararlo con olores que las narices de otros hayan experimentado alguna vez, pero nunca puedes plasmar olor en unas palabras. Un olor es un sentimiento y cada persona lo siente diferente. Como el olor de tormenta. Ese olor húmedo, a tierra mojada, intenso, purificante. Pueden usarse palabras. Pero seguro que los otros conocen ya la humedad o han olido la tierra mojada alguna vez.   No es posible describir con pr ecisión un olor. Tampoco el sentimiento que éste otorga.  Hoy escojo el olor de tormenta. Ese olor húmedo, a tierra mojada, intenso, purificante. Ese olor que trae paz a mis recuerdos. Tal vez tu olor de paz sea otro. Tal vez tu olor de tormenta sea diferente. El mío, así es. Y el tuyo, sólo lo sabrás tú, y serás incapaz de explicarlo y que los demás lo entiendan de la misma manera en que tú lo haces. Porque es tuyo. Blanca PeGarri.

Desvelos. #3

Quiero tus lunes de mierda,  tus martes cuesta arriba,  tus miércoles monótonos,  tus jueves relajados,  tus viernes de buen humor,  tus sábados de fiesta  y tus domingos perezosos. Quiero tus semanas  y cada uno de los días que las ocupan.  Y las quiero contigo. Blanca PeGarri.

Tira de mi mano

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Tira de mi mano.  Te seguiré como el pez sigue la corriente, como el pájaro el aire.  Te seguiré como el más tonto de los mosquitos sigue la luz.  Tira de mi mano fuerte y no me sueltes.  Porque quiero seguirte y sentirte, caerme el mayor de los batacazos contigo, levantarme del suelo contigo, cansarme, reír, llorar, sudar, sonreír, tropezar.  Pero contigo.  Eso siempre va a ser así.  Sea lo que sea, sea como sea.  Será felicidad al fin y al cabo.  Así que no me sueltes. Blanca PeGarri.