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La vida no está hecha para conformarnos

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El otro día, alguien me preguntó si yo tenía altas expectativas en la vida en un tono más de afirmación que de pregunta. Mi respuesta, tras vacilar un segundo, fue directa: "Sí", a lo que siguió un "ya se nota" desganado, lastimero. Como si esperar grandes cosas en tu vida fuera algo malo, como si ser un soñador fuese una pérdida de tiempo. Esto me ha hecho reflexionar bastante durante unos días, dándole vueltas más al tono que a la dichosa preguntita en sí. Sí, tengo altas expectativas en la vida y conmigo misma, con lo que me rodea, y sí, puede que sea una soñadora. Pero es que ¿cuál es el sentido de no hacerlo? Si ni siquiera tú, que te conoces mejor que nadie, esperas grandes cosas de ti mismo, nadie lo hará por ti. Si no sueñas con algo mejor la vida seguirá igual. Monótona. Aburrida. Fácil.  No soy una persona conformista: no me basta con lo que ya he conseguido, quiero más, quiero llegar más lejos. Ni ser mejor que nadie (nunca he creído que nadie sea me...

Pájaros negros

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A través de la ventana veía los pájaros volar. Volaban alto y se perdían entre las nubes espesas, grises, de vez en cuando blanquecinas. Aves negras, algo tétricas, graznando terriblemente, pero volando, alto, libres.  Se preguntó cuándo sería libre. Libre de sus pensamientos envenenados, negros como las plumas de esos pájaros que siempre le habían resultado odiosos y que ahora tanto envidiaba. Libre de ese peso que llevaba consigo desde hacía ya tanto tiempo.  Había luchado por esa libertad, oh, sí, pero no lo suficiente. En su fuero interno sabía que existía un minúsculo pero poderoso deseo de aferrarse a esa oscuridad. Pero esta vez se había plantado, con la firme decisión de vencer a esos fantasmas que atormentaban su alma consumiendo hasta la última gota de esperanza.  ¿Era feliz? Ni siquiera sabía ya responder a esa pregunta. Cualquiera diría que sí; su vida era exitosa, todo iba sobre ruedas, sonreía continuamente, bromeaba y hacía reír a los demás, su tra...

El sino

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- Siento desilusionarte, pero el destino no existe. Todos esos cuentos que dicen que todo es cosa del destino no son más que patrañas. No hay nada escrito. No hay nada, ni nadie, que al principio de los tiempos, cuando no había siquiera una pequeña célula que pudiese creer en Dios, cogiese un libro gigante e imaginario y se pusiese a escribir la vida de millones y millones de personas: infancias felices o desgraciadas, juventudes llenas de amor y desamor clamando a este destino, madurez de algunos, vejez de menos, alegrías, desdichas, encontronazos y catástrofes. Todo eso se salta por completo cualquier lógica. Y no es que yo no sea un soñador, bien sabes que soy el primero que persigue sus sueños y que vive con ilusión. Pero precisamente es por esto porque lo hago: ¿de qué me serviría a mí luchar por mis sueños si todo ya estuviera escrito? ¿Es que acaso no triunfaría si debiese hacerlo o fracasaría si así lo indicara mi destino? Entonces, de qué serviría el esfuerzo. O la ilusión. ...

De un viejo a un viejo amigo

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Quererla era mejor que cualquier cosa en el mundo. Mejor que el verano y que todo lo que éste conllevaba: mejor que observar el vuelo de las libélulas, mejor que escuchar los grillos por la noche, mejor que la brisa con olor a salitre, mejor que sentir las olas rompiéndose en los pies, mejor que rozar el agua del lago con la punta de los dedos, mejor que ver el cielo cubierto de estrellas, mejor que el silencio, mejor que el abrazo del sol, mejor que las tormentas repentinas, mejor que el olor a pino, mejor que las hileras perfectas de hormigas, mejor que encontrar conchas enteras, mejor que los helados - de chocolate, mantecado, leche merengada, limón -, mejor que la piel bronceada, mejor que el reflejo del sol, mejor que el aire puro, mejor que dormir largas siestas, mejor que comer sandía, mejor que sacar la mano por la ventanilla del coche, mejor que leer decenas de novelas, mejor que el tiempo libre, mejor que las nuevas ideas y los nuevos proyectos. Quererla era mejor que tod...

Olfato

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Es imposible describir un olor. Puedes hacer una aproximación, compararlo con olores que las narices de otros hayan experimentado alguna vez, pero nunca puedes plasmar olor en unas palabras. Un olor es un sentimiento y cada persona lo siente diferente. Como el olor de tormenta. Ese olor húmedo, a tierra mojada, intenso, purificante. Pueden usarse palabras. Pero seguro que los otros conocen ya la humedad o han olido la tierra mojada alguna vez.   No es posible describir con pr ecisión un olor. Tampoco el sentimiento que éste otorga.  Hoy escojo el olor de tormenta. Ese olor húmedo, a tierra mojada, intenso, purificante. Ese olor que trae paz a mis recuerdos. Tal vez tu olor de paz sea otro. Tal vez tu olor de tormenta sea diferente. El mío, así es. Y el tuyo, sólo lo sabrás tú, y serás incapaz de explicarlo y que los demás lo entiendan de la misma manera en que tú lo haces. Porque es tuyo. Blanca PeGarri.

Desvelos. #3

Quiero tus lunes de mierda,  tus martes cuesta arriba,  tus miércoles monótonos,  tus jueves relajados,  tus viernes de buen humor,  tus sábados de fiesta  y tus domingos perezosos. Quiero tus semanas  y cada uno de los días que las ocupan.  Y las quiero contigo. Blanca PeGarri.

Tira de mi mano

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Tira de mi mano.  Te seguiré como el pez sigue la corriente, como el pájaro el aire.  Te seguiré como el más tonto de los mosquitos sigue la luz.  Tira de mi mano fuerte y no me sueltes.  Porque quiero seguirte y sentirte, caerme el mayor de los batacazos contigo, levantarme del suelo contigo, cansarme, reír, llorar, sudar, sonreír, tropezar.  Pero contigo.  Eso siempre va a ser así.  Sea lo que sea, sea como sea.  Será felicidad al fin y al cabo.  Así que no me sueltes. Blanca PeGarri.

Lo bueno de lo raro

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Por favor, sé tú mismo. Hay demasiadas copias de lo convencional, de lo "normal", demasiadas copias de lo que está de moda y demasiadas copias mal hechas de todo.  El "quiero ser como" y el "quiero pero no puedo" cada vez están cogidos más fuertemente de la mano. La envidia, también.  Todos y cada uno de nosotros tenemos una personalidad. Más o menos a la vista, pero estar está. Tú tienes una personalidad, propia e intransferible. Otra cosa es que no sepas (o no quieras) sacarla a la superficie. Y sí, intransferible, porque por mucho que queramos intentarlo, nunca jamás vamos a conseguir ser como el de al lado. Seremos eso, burdas copias de una cosa mal idealizada.Y ya hay demasiado de todo como para que tú, pequeño ser atrapado en este mundo de imitaciones baratas, intentes ser igual.  Tienes algo que ofrecer a los demás, algo que ofrecer al Mundo. Tu peculiaridad es riqueza. Tus ideas son riqueza. Tus actos son riqueza. Todo aquell...

Quiero "bersos"

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Quiero que me muerdas, que estires tu mano, que roces cada milímetro de mi piel, quiero calor. Quiero casualidades y encontronazos, quiero que me esquives la mirada y que otras veces me mires fijamente hasta que me incomode. Quiero buenos días y mejores noches, quiero chupitos, igual da si son de tequila, si hay limón, si sólo hay sal, quiero otra vez miradas y besos furtivos, quiero a escondidas, quiero a gritos, quiero que no pueda ser y quiero que sea, quiero que pueda ser y no sea. Quiero sonrisas, pero más aún quiero risas, compartidas, por supuesto. Quiero gestos cómplices, quiero que nadie vea nada, manos entrelazadas bajo la mesa, quiero que quien nos conoce bien lo vea todo, hasta las manos entrelazadas bajo la mesa. Quiero sonrisas entre besos y besos entre risas, ataques de risa, quiero nervios y bromas. Quiero escapar corriendo, quiero que me invites a una nueva aventura, quiero sobrevivir y morir en tus brazos, quiero dormirme y no despertar, o despertarme contigo. Quiero...

Romeo, Julieta y su maldito secreto.

Respirar se me antoja demasiado difícil. Es mucho más sencillo dejarme llevar por el oleaje, dejarme arrastrar por este mar de sueños, dudas y miedos que inundan mi cabeza y ahogarme con ellos. Ya nunca más necesitaré una aspirina, un vaso de agua o un abrazo. Ya nunca más necesitaré nada, estoy dispuesto a ahogarme, a hundirme en mi tristeza y morir en ella, igual que morían las lágrimas de Julieta cuando llegaban a la suave línea de sus mandíbulas, igual que moría Romeo, igual que moría Julieta. Es mucho más sencillo dejarse morir. Habían pasado ya casi treinta años desde que escribió esas palabras, casi de despedida, en su diario. Nunca había pensado en quitarse la vida, al menos no literalmente. Le gustaba demasiado vivir como para hacer algo así. Y es que, esas palabras, guardaban más que un simple texto, más que una simple despedida, guardaban más que simples palabras. Guardaban un secreto, el secreto, el suyo. El suyo y el de ella. Porque treinta años atrás se hacían l...