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Amor en blanco y negro

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Las películas de amor han evolucionado a lo largo de los años. Suelen ser d emasiado  pastel, d emasiado  rosas. Obviamente, encontramos escenas románticas, pero también escenas de desamor y de perdón, otras físicas y, cada ves más, explícitas. Nos enamoramos de sus protagonistas, anhelamos encontrar un amor así, que nos regalen su dulzura cada mañana, bailar fundidos en un abrazo en el salón cada noche, a la tenue luz de las velas y con una copa de vino en la mano, que nos hagan reír con bromas inocentes, que nos den fresas con chocolate entre las sábanas. Las películas de amor, a pesar de todo, son lo que toda chica desea. Pero... ¿Qué ha pasado con las películas en blanco y negro? Sí, esas de amor tan bonitas. ¿Han pasado de moda? ¿Acaso lo romántico tiene fecha de caducidad?  En ellas se nota el guión antiguo y sobre actuado, pero qué guiones, qué romanticismo. Esos son amores puros, inocentes, con comentarios ingeniosos y a veces forzados, se prometen cosas i...

Pura adrenalina

No es amor. Hay algo que hay que dejar claro desde el primer momento y es que no es amor. Es una especie de atracción por lo prohibido, por el peligro, por el riesgo. Es como si un imán gigante tirara de ti de manera incontrolable haciendo que acabes perdiendo la cabeza o incluso que llegues al  punto que roza la obsesión. Como si la adrenalina fuera tu mejor aliada. El sentimiento de alarma hace que tu sangre corra más veloz por tus venas, el sabor amargo de lo que no debes hacer le resulta dulce a tus papilas gustativas, la excitación por aquello prohibido palpita en tu sien. El polo opuesto te atrae como a las hormigas la mermelada, o como a los tontos mosquitos la luz que les condena a muerte. Y es imposible zafarse de las garras del magnetismo. Debes de ser algo así como un kamikace, y más sabiendo que existe la posibilidad de perder, pero peligro y tensión se convierten en sentimientos morbosos: el saber que incumples la promesa que le hiciste a tu conciencia, que te saltas...

Orgullo y tiempo

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A veces el orgullo nos corroe. Intentamos parecer más fuertes, no queremos mostrar debilidad. Y tal vez, esa otra persona siente y hace lo mismo. Entonces ¿qué mierdas hacemos? ¿Cuál se supone que es nuestra función en el Mundo? Nunca, y repito, nunca, sabes lo que pasará mañana. Ni siquiera sabes qué pasará en los próximos treinta segundos. Vamos, desaprovechemos nuestras horas, no les digamos te quiero a las personas que queremos, seamos orgullosos y prepotentes, echemos de menos a alguien y no se lo digamos, sólo por ser más "fuerte" que ese alguien, finjamos indiferencia ante la indiferencia. ¡Parad ya esta farsa! Desde pequeños la sociedad, el mundo que nos rodea, las series de televisión, las películas, las novelas, nos enseñan a aparentar fortaleza, a presumir de orgullo... a mentir. Y si todos lo hacemos... si todos lo hacemos, mal vamos. Mal. Mal, porque no sabes qué pasará dentro de treinta segundos. Tal vez esa persona de la que estás enamorada se tropieza con otr...

Comienza por el comienzo.

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Todas las buenas historias empiezan con unas buenas palabras, con buenas ideas. Tienen un buen principio. El problema es cuando todas esas buenas ideas llegan a ti justo cuando no llevas un boli para apuntarlas. Cualquier lugar es bueno para escribir, incluso en una servilleta de la cafetería en la que tomas un cortado. Pero no, a mí esas ideas me vienen en la calle. Es cuando voy caminando hacia cualquier lugar cuando las palabras y las ideas invaden mi mente, cuando me veo inmersa en la batalla más sanguinolenta, en el amor más apasionado o en la discusión más sentimental. Es cuando las palabras más acertadas inundan mi cerebro y cuando mi subconsciente me ordena que escriba. Pero no hay boli, no hay papel, no hay lugar donde plasmar, sólo mi memoria. Ay mi memoria... Intento llegar lo más rápido posible a algún lugar donde escribir lo que mi cabeza me pide locamente, siento que si no explotaré, sobrecarga de información, necesidad de comunicación: mostrar mis palabras, mis pensamien...

Palabras para el Mundo

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Las palabras nunca habían sido tan fáciles. Sin saber realmente lo que iba a escribir en la siguiente frase, ni cuál iba a se su próxima palabra, sus dedos tecleaban rápida y eficazmente, sin pararse un segundo a pensar en su próximo movimiento, sin dudar de qué letra iría después, como si recitara el abecedario con melodía que le enseñaron en la clase de inglés en primaria: A, B, C, D, E, F, G... Parecía que su subconsciente trabajaba a mayor velocidad de la que sus dedos le permitían y las letras se empezaban a amontonar sin sentido. Presionó la tecla de borrar y se paró por primera vez a pensar en lo que iba a escribir para no cometer errores. Después de un par de segundos, volvió a escribir lo mismo, esta vez correctamente y con más calma. Entonces volvió a ser la de dos minutos atrás y siguió escribiendo con tal entusiasmo que nada podía distraerla. En su mesita de noche había medio croissant y un zumo a medio beber, el teléfono fijo y el móvil, un libro interesantísimo a los p...

Fácil felicidad.

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Son esos pequeños detalles los que te hacen seguir día a día, los que te hacen tener un motivo por el que levantarte por las mañanas y saber que eres feliz. Son pequeñas cosas, movimientos insignificantes, a veces casi imperceptibles, las que nos regalan esa porción de felicidad diaria casi sin que nos podamos dar cuenta. A veces es sólo un gesto, una mirada o una simple palabra. Eso puede cambiarlo todo en tu día. Puedes pasar del cielo más lluvioso al sol más radiante, de la hierba más seca al césped más verde. Piensa en la tontería más grande del mundo. ¿Ya la tienes? Bien. Esa persona te hará reír con ella. Esa es la persona que te completa, que te hace sentir bien incluso cuando el día no puede ir a peor, la que sabe hacerte sonreír con una sola caricia y conoce tu sonrisa de cuando estás triste e intentas disimular. Es quien conoce el significado de cada gesto de tu cuerpo, de cada mueca de tu cara, quien conoce todos y cada uno de tus defectos y piensa que son virtudes que te ...

Lieu d'Été

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Abrió los ojos y quedó deslumbrada por la luz. El sol acariciaba su piel, que se dejaba lamer por cada rayo de luz y calor que recorría su cuerpo. Volvió a cerrarlos y respiró profunda y lentamente, sintiendo el aire puro en su nariz y más tarde en sus pulmones, olor a pino, a tierra, a agua, a hierba medio seca, olor a verano. Escuchó atentamente: no oía más que las chicharras cantar sin descanso, con ese cri-cri repetitivo y molesto pero que a ella tanto le gustaba. El calor flotaba en el aire, lo sentía bailar en sus oídos y en cada milímetro de su cuerpo, al abrir la boca lo degustaba y sonrió ante la idea de inmortalizar aquel delicioso instante. Un zumbido la despistó de su repentino e irreal sueño y se incorporó. Un abejorro revoloteaba alrededor de un madroño de hojas verde botella y frutos rojos amarillentos. Se acercó volando y rozó suavemente el agua creando unas ondas perfectas que flotaban provocando un leve e imperceptible susurro y enseguida se alejó dejando ante los oj...

Comeré como come una Reina

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  Me voy a comer mis prisas con sal, tus errores con azúcar y nuestros abrazos con miel. Y es que tengo sed de sentir un nuevo amanecer, cogida de su mano, él que sabe hacerme reír, hacerme sentir su piel contra mi piel y llevarme al cielo y tocar las estrellas, sentarme en la luna y rascar mi espalda con sus uñas, dibujar sonrisas, hacerme la reina de la vida y llorar, llorar de alegría. Me voy a comer tu sonrisa de caradura, tus gestos y palabras de ternura, tus excusas y tu encanto personal. Lo voy a tomar con sal y pimienta a ver si así experimentas un desgarro en tu piel, como desgarraste mi corazón antes de ayer. Tengo sed de vivir una historia que no tenga fin, él, que me susurra al oído, que en la espalda me da caricias que no tienen precio y que mi sonrisa es un premio por el que luchar. Y que cada vez que dibuje un corazón con mis dedos sea con las letras de su nombre y me mate a besos y me muerda los versos que canto por él. Y me comeré todos tus defectos con...

La moto

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Sentir el viento en tu cuerpo, la velocidad y la adrenalina. Ese sentimiento de libertad y de peligro, vivir al límite, sin freno ni marcha atrás, tumbando en cada curva, adelantando en el último momento, zigzagueando como si fueras dueño de la carretera. Saber que cualquier momento puede ser el preciso, poner los cinco sentidos, volar. Y aún así, sentirte más seguro que nadie. Blanca PeGarri

maestros, profesores y profesores de pacotilla

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La enseñanza es una vocación para algunas personas. Personas que estudian para ser expertos de la enseñanza, para en un futuro ser verdaderos maestros , saber ENSEÑAR a otras personas, para hacer que otros aprendan y se desarrollen, para que crezcan intelectualmente y como personas, para que tengan aspiraciones, sueños, y creen sus propias metas, para que en un futuro quieran convertirse en médicos, abogados, veterinarios o maestros, para que se labren un futuro, para formar la base de su futuro. A este tipo de personas les llenan los logros de sus alumnos y les duelen sus fracasos, pero cuando esto sucede están ahí para que estos fracasos se conviertan en victorias, les importa su evolución y su aprendizaje, sus problemas, su capacidad y su integración. Les importan las personas. Hay otros a los que también les llena enseñar. Estas personas se convirtieron en expertos de algunas materias, hay economistas, matemáticos, enfermeros, arquitectos o diseñadores, y después de haber conseg...