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Comienza por el comienzo.

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Todas las buenas historias empiezan con unas buenas palabras, con buenas ideas. Tienen un buen principio. El problema es cuando todas esas buenas ideas llegan a ti justo cuando no llevas un boli para apuntarlas. Cualquier lugar es bueno para escribir, incluso en una servilleta de la cafetería en la que tomas un cortado. Pero no, a mí esas ideas me vienen en la calle. Es cuando voy caminando hacia cualquier lugar cuando las palabras y las ideas invaden mi mente, cuando me veo inmersa en la batalla más sanguinolenta, en el amor más apasionado o en la discusión más sentimental. Es cuando las palabras más acertadas inundan mi cerebro y cuando mi subconsciente me ordena que escriba. Pero no hay boli, no hay papel, no hay lugar donde plasmar, sólo mi memoria. Ay mi memoria... Intento llegar lo más rápido posible a algún lugar donde escribir lo que mi cabeza me pide locamente, siento que si no explotaré, sobrecarga de información, necesidad de comunicación: mostrar mis palabras, mis pensamien...

Palabras para el Mundo

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Las palabras nunca habían sido tan fáciles. Sin saber realmente lo que iba a escribir en la siguiente frase, ni cuál iba a se su próxima palabra, sus dedos tecleaban rápida y eficazmente, sin pararse un segundo a pensar en su próximo movimiento, sin dudar de qué letra iría después, como si recitara el abecedario con melodía que le enseñaron en la clase de inglés en primaria: A, B, C, D, E, F, G... Parecía que su subconsciente trabajaba a mayor velocidad de la que sus dedos le permitían y las letras se empezaban a amontonar sin sentido. Presionó la tecla de borrar y se paró por primera vez a pensar en lo que iba a escribir para no cometer errores. Después de un par de segundos, volvió a escribir lo mismo, esta vez correctamente y con más calma. Entonces volvió a ser la de dos minutos atrás y siguió escribiendo con tal entusiasmo que nada podía distraerla. En su mesita de noche había medio croissant y un zumo a medio beber, el teléfono fijo y el móvil, un libro interesantísimo a los p...

Fácil felicidad.

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Son esos pequeños detalles los que te hacen seguir día a día, los que te hacen tener un motivo por el que levantarte por las mañanas y saber que eres feliz. Son pequeñas cosas, movimientos insignificantes, a veces casi imperceptibles, las que nos regalan esa porción de felicidad diaria casi sin que nos podamos dar cuenta. A veces es sólo un gesto, una mirada o una simple palabra. Eso puede cambiarlo todo en tu día. Puedes pasar del cielo más lluvioso al sol más radiante, de la hierba más seca al césped más verde. Piensa en la tontería más grande del mundo. ¿Ya la tienes? Bien. Esa persona te hará reír con ella. Esa es la persona que te completa, que te hace sentir bien incluso cuando el día no puede ir a peor, la que sabe hacerte sonreír con una sola caricia y conoce tu sonrisa de cuando estás triste e intentas disimular. Es quien conoce el significado de cada gesto de tu cuerpo, de cada mueca de tu cara, quien conoce todos y cada uno de tus defectos y piensa que son virtudes que te ...

Lieu d'Été

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Abrió los ojos y quedó deslumbrada por la luz. El sol acariciaba su piel, que se dejaba lamer por cada rayo de luz y calor que recorría su cuerpo. Volvió a cerrarlos y respiró profunda y lentamente, sintiendo el aire puro en su nariz y más tarde en sus pulmones, olor a pino, a tierra, a agua, a hierba medio seca, olor a verano. Escuchó atentamente: no oía más que las chicharras cantar sin descanso, con ese cri-cri repetitivo y molesto pero que a ella tanto le gustaba. El calor flotaba en el aire, lo sentía bailar en sus oídos y en cada milímetro de su cuerpo, al abrir la boca lo degustaba y sonrió ante la idea de inmortalizar aquel delicioso instante. Un zumbido la despistó de su repentino e irreal sueño y se incorporó. Un abejorro revoloteaba alrededor de un madroño de hojas verde botella y frutos rojos amarillentos. Se acercó volando y rozó suavemente el agua creando unas ondas perfectas que flotaban provocando un leve e imperceptible susurro y enseguida se alejó dejando ante los oj...

Comeré como come una Reina

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  Me voy a comer mis prisas con sal, tus errores con azúcar y nuestros abrazos con miel. Y es que tengo sed de sentir un nuevo amanecer, cogida de su mano, él que sabe hacerme reír, hacerme sentir su piel contra mi piel y llevarme al cielo y tocar las estrellas, sentarme en la luna y rascar mi espalda con sus uñas, dibujar sonrisas, hacerme la reina de la vida y llorar, llorar de alegría. Me voy a comer tu sonrisa de caradura, tus gestos y palabras de ternura, tus excusas y tu encanto personal. Lo voy a tomar con sal y pimienta a ver si así experimentas un desgarro en tu piel, como desgarraste mi corazón antes de ayer. Tengo sed de vivir una historia que no tenga fin, él, que me susurra al oído, que en la espalda me da caricias que no tienen precio y que mi sonrisa es un premio por el que luchar. Y que cada vez que dibuje un corazón con mis dedos sea con las letras de su nombre y me mate a besos y me muerda los versos que canto por él. Y me comeré todos tus defectos con...

La moto

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Sentir el viento en tu cuerpo, la velocidad y la adrenalina. Ese sentimiento de libertad y de peligro, vivir al límite, sin freno ni marcha atrás, tumbando en cada curva, adelantando en el último momento, zigzagueando como si fueras dueño de la carretera. Saber que cualquier momento puede ser el preciso, poner los cinco sentidos, volar. Y aún así, sentirte más seguro que nadie. Blanca PeGarri

maestros, profesores y profesores de pacotilla

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La enseñanza es una vocación para algunas personas. Personas que estudian para ser expertos de la enseñanza, para en un futuro ser verdaderos maestros , saber ENSEÑAR a otras personas, para hacer que otros aprendan y se desarrollen, para que crezcan intelectualmente y como personas, para que tengan aspiraciones, sueños, y creen sus propias metas, para que en un futuro quieran convertirse en médicos, abogados, veterinarios o maestros, para que se labren un futuro, para formar la base de su futuro. A este tipo de personas les llenan los logros de sus alumnos y les duelen sus fracasos, pero cuando esto sucede están ahí para que estos fracasos se conviertan en victorias, les importa su evolución y su aprendizaje, sus problemas, su capacidad y su integración. Les importan las personas. Hay otros a los que también les llena enseñar. Estas personas se convirtieron en expertos de algunas materias, hay economistas, matemáticos, enfermeros, arquitectos o diseñadores, y después de haber conseg...

Ciudadanos de un lugar llamado Mundo

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No hay fronteras, no hay razas, nadie es mejor que nadie, nadie es inferior a los demás. Somos millones de personas en el MUNDO. Altos, bajos, gordos, flacos, morenos, pelirrojos, rubios, canosos, viejos, jóvenes, empresarios, profesores, cocineros, cajeros, estudiantes, pálidos, cetrinos, oscuros, deportistas, ávidos lectores, amantes del sol y de las tormentas. Cada uno con nuestras características, todos diferentes, pero personas. Cada uno somos como una gota de agua diferente, pero juntos formamos una misma marea de gente. Da igual: de España, Alemania, Kenia, Reino Unido, América, China, Hungría, Cuba o Túnez. Simplemente son nombres  que los humanos utilizamos una vez para facilitar ciertos asuntos geográficos. Da igual el idioma que hablemos, es riqueza cultural, pero no nos hace diferentes. Todos esos sitios, estas lenguas, estas personas, pertenecen a un mismo lugar, al que llamamos Mundo. Mimémoslo porque, a fin y al cabo, es nuestra casa. Querámonos porque, al fin y...

mirando el mar...

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Está nadando en el mar y las olas chocan contra su espalda. Ella está tumbada en la arena esperando a que él vuelva para poder sentarse en sus piernas. Ve cómo las olas se mueven y el agua va y viene y, por fin, él va a por ella. Son horas muertas que pasan en la playa y ella se distrae viendo cómo el sol acaricia su espalda y cómo las gotas resbalan por sus pecosos hombros que tanto le gustan. Y mientras tanto, piensa en cuánto le gusta ver puestas de sol junto a él, intentar divisar el rayo verde y ver que el cielo, ya rojo, empieza a teñir el mar. Entonces es cuando él suele cogerla de la mano y, sólo a veces, cantan juntos esa canción... Se levantan y empiezan a pasear por la orilla. Ella escribe sus nombres con el pie, uno al lado del otro, él la mira y se abrazan. Si echaran un vistazo atrás verían un camino de huellas, de sus huellas. Ella le mira y sonríe: el sol está pintando sus mejillas color melocotón otra vez y eso a ella le encanta, porque le da un toque de niño travies...

OPERACION SONRISA

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Acompañada de Blink y Sum como música de fondo, empieza a escribir unas líneas. Un rayo de sol se cuela por un hueco de la ventana y mira, el verano parece adelantarse y se respira un Mayo cálido, un sábado de sol y calor. Apetece salir, de paseo y con un helado, ver gente de paseo y con un helado. De terracitas, coca-cola, caña, ver las gotas que se deslizan lentamente acariciando el vaso como si del un susurro se tratara. Silencio. Se ha dado cuenta de que la música se ha callado. Play. Ta-ta-ta-ta-ta. Vuelve a sentarse y continúa escribiendo. Parece una carta. ¿Será de amor? No, tal vez sólo son apuntes aburridos, de ahí su cara de póquer. No, no, no, esperad, sí es una carta. Pero a ella misma... ¡se está escribiendo a ella misma! Pero qué chica tan rara... ¿qué escribirá? Esperad, voy a acercarme... veo... veo algo: Querida yo: Recuerda que cada día hay un motivo por el que levantarse, has hecho muchas cosas buenas por mucha gente, hay quien te lo ha agradecido y hay quien n...