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Dos días dura la vida

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Deja de hacer lo que todo el mundo espera de ti. Deja de hacer lo que todo el mundo espera que hagas. Deja de hacer lo que todo el mundo quiere que hagas. Deja de actuar como la gente quiere que actúes. Deja de pensar como te dicen que tienes que pensar. Deja de no hacer las cosas "porque no son lo correcto". Nota mental: lo convencional no siempre tiene por qué ser lo correcto. Recuerda que tienes una vida y un cuerpo. Un alma, un corazón, una cabeza con la que no sólo te peinas. Todo enteramente tuyo. No eches tu vida, tus sueños e ilusiones por la borda porque alguien  te diga que no está bien, que no deberías, que "si yo fuera tú no me arriesgaría"... La vida, querido amigo, son dos días (gracias a Dios, no textualmente). Pero si medimos nuestra vida, nuestra pequeña porción de tiempo, con el tiempo que hace que el universo es universo, sí, son dos cortísimos días. La vida es un regalo, una oportunidad en la que podemos demos...

SIN BUENAS NOCHES NO HAY NOCHES BUENAS

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No podía dormir. Miraba el reloj de su mesilla de noche y las manecillas avanzaban cada vez más lentamente, sin que pudiera conciliar el sueño. No era su primera noche en vela, ni sería la última. Ni las infusiones relajantes ni las pastillas le servían ya para descansar, mucho menos para soñar (a no ser que fueran sueños de los que se convierten en tormentos. Entonces, su imaginación parecía no tener límite). Las sábanas se habían convertido en su abrazo, la almohada en su confidente y el tic tac del reloj en un chivato que se burlaba de ella, recordándole que no, que no dormía, que al día siguiente las ojeras dibujarían de malva el contorno de sus ojos cansados, que el tiempo pasaba y, con él, sus fuerzas. Y en su desvelo, miró la agenda que estaba sobre la mesita y un corazón dibujado en el día siete la abatió. Acarició con la yema de sus dedos ese corazón de tinta azul; hacía tanto que nadie acariciaba el suyo...  Es la única vida que podemos compartir... Impot...

Luna

Esa noche había luna llena. No era tan blanca como de costumbre, sino que  una luz anaranjada la adornaba tornándola tenue, color melocotón, misteriosa, suave y bella. Emma observaba con ojos brillosos las manchas grises de la luna, esos agujeros que una vez alguien hizo lanzando piedrecillas con un tirachinas. Esa noche Emma durmió con las cortinas descorridas, bañando su habitación y su piel de luz de luna. Copyright © All Rights Reserved Blanca PeGarri

vida soñada

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"Mi vida es mucho más interesante dentro de mi cabeza." Esta frase permaneció clavada en mi memoria desde el primer momento en que la leí y, desde entonces, nunca me ha abandonado. Qué triste tener que recurrir a la imaginación para poder tener una vida de ensueño... Qué bien tener imaginación para poder soñar... No hay mal que por bien no venga.  Esta frase me molestó, me abarrotó el cerebro, me afectó, me acompañó. ¿Por qué mi vida era tan aburrida, tan monótona? ¿Por qué mi vida no era tan interesante como lo era dentro de mi cabeza? Cuando tenía un rato libre, y cuando no, me evadía a otros mundos, en lo más profundo de mis pensamientos, y volaba, volaba con ellos como un pájaro dejándose llevar por las ráfagas de aire, planeando, flotando, viviendo. La sombra de los árboles se convertía en monstruos, los gorriones en dragones, las casas abandonadas en antiguos palacios encantados, el chico del asiento de enfrente en el metro, en la historia de amor más bonita.  ...

Esto no es una historia de amor

Sentí el susurro de sus labios en mi oído, como pude sentir su aliento caliente, que provocó que todos los vellos de mi cuerpo se erizaran. - Permite que te diga que estas preciosa esta tarde - me había dicho, con esa voz susurrada pero grave, intensa. Di un respingo al escucharlo. No lo esperaba tan pronto. Se quedó detrás de mí, su cara aún pegada a mi oreja, respirando el perfume del agua de colonia que me había puesto antes de salir de casa. Me di la vuelta para encontrar su rostro a apenas cinco centímetros del mío, con esos ojos mirándome intensamente, como si en cualquier momento pudiera esfumarme. Puede que tan solo pasaran segundos, quién sabe. Lo único que puedo decir es que fueron unos segundos largos e incómodos. Me aparté nerviosa y emprendí el camino con la cabeza gacha, a sabiendas de que él me pisaba los talones. Caminamos así durante minutos, hasta que un semáforo en rojo me hizo parar, provocando que él se colocase a mi lado. Buscó mi mirada. Yo la evité. Sab...

Iguales y distintos

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El mundo sería muy aburrido si todos fuéramos iguales. Bonito, ¿verdad? Los huevos, la fruta, las hojas, las flores... qué bellas creaciones. Y qué riqueza. Cuántos tipos diferentes de estas cosas podemos encontrar. La naturaleza puede ser tan creativa, tan juguetona, tan sabia... Es una preciosidad. Os contaré una historia. Un día, alguien tuvo la macabra idea de clasificar a la raza humana. De crear diferencias, marcadas por nuestra piel. Por la piel (menudo disparate). La gente morena, por una parte. La gente pálida, por otra. La gente con piel rosada, la gente de piel cetrina... Y también por los rasgos: ojos rasgados, narices grandes, cabellos casi blancos de tan rubios... Y tuvo también la descabellada idea de llamarlo razas.  Toma ya. Después, alguien qué se creyó más listo aún, decidió que unos mandarían más que otros, que la vida de unos valdría más que la de otros y que las ideas de unos eran mejores que las de los otros; de ...

El color de la bohemia

Aquella noche llovió como no había llovido en meses. Miraba por la ventana como hipnotizado, esa danza de gotas cayendo en picado y formando innumerables ondas en los charcos de las aceras. El aguacero caía con furia y el repiqueteo en el cristal se le antojaba relajante. Sonreía. Se alejó de la ventana dejando caer la cortina, que la cubrió sin amortiguar el ruido de lluvia, y se acercó a la mesa donde descansaba su máquina de escribir. Era su tesoro más preciado. Eso, y una pluma que le regaló su padre cuando apenas era un niño, dos días después de que le confesara que quería ser escritor, habiéndose dado cuenta de que su hijo podía plasmar palabras sobre el papel con la facilidad de un escritor aventajado. La máquina la adquirió en una tiendecita que había encontrado doce años atrás en el barrio de Montmartre de París, tras mucho ahorrar. La vio por primera vez un martes, cuando salía de la pequeña y destartalada buhardilla que había alquilado a un precio exagerado para el esta...

Sí es posible.

Hoy me siento positiva. Me he despertado con una nueva idea en la cabeza, un proyecto de futuro, que con el tiempo irá tomando forma... Nunca me había planteado precisamente que mi trabajo y mi vida pudiera ser eso pero la idea ha venido a mí como un huracán. No voy a ignorarla. ¿Y por qué? Porque creo que me hará feliz. Es más, sé que me puede hacer feliz. Y esto lo sé porque es mi hobby, mi pasión, lo que me gusta hacer y me llena. Y si eres capaz de convertir esto en tu trabajo, ya tienes casi el 100% de la felicidad asegurada. Vale. Hasta aquí todo perfecto. Seguro que muchos habéis pasado (o pasaréis) por esto alguna vez a lo largo de vuestras vidas. Hasta que se quede en el baúl de los recuerdos, en el pozo del olvido, en la trastienda de vuestras mentes. Todo por pensar que era imposible, descabellado, difícil. Animo a todo aquel que aún esta a tiempo de empezar, que lo haga. Animo a todo aquel que aún le quedan años por poder realizar este sueño, que lo haga. Animo a to...

Dream on

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Y las libélulas y mariposas revoloteaban alrededor de su cuerpo casi desnudo, tumbado sobre la hierba, blanco como el marfil. Era tan nívea, tan bella... el sol se reflejaba en su delicadeza, mientras ella pensaba, soñaba... y dejaba que los mil pájaros de su cabeza la llevaran con ellos a donde sólo los pájaros de las mentes de los locos saben llegar. Blanca PeGarri

A las once y media.

Eran las once en punto. El oleaje mojaba la arena y las rocas, dejando una estela de espuma blanca tras de sí. El cielo estaba oscuro, y en su negrura brillaban las estrellas, que dibujaban constelaciones y titilaban a su antojo. Se sentó a esperar en las rocas que sobresalían de la playa. Eran las once y cinco, aún tenía veinticinco minutos por delante para pensar bien qué iba a decirle y cómo lo haría. Echó la cabeza hacia atrás cerrando los ojos y tomó una bocanada de aire, sintiendo la humedad entrar por su nariz y recorrer el camino hasta los pulmones, el fuerte aroma a salitre impregnándose en sus fosas nasales. El vaivén de las olas le relajaba. Mantuvo sus ojos cerrados todo el tiempo. De vez en cuando, la intensa luz del faro, que iba girando, atravesaba sus párpados y le hacía cerrar los ojos con más fuerza, arrugándolos. Todo era brisa, humedad y sal. Olor a mar. Eran las once y cuarto. Faltaban tan solo quince minutos. A las once y media llegaría y entonces habría ll...